miércoles, 14 de agosto de 2013

Reflexiones de las siete y treinta y cuatro

Hay una pregunta que me acompaña desde hace ya bastante tiempo y por mas que me haya enfrentado a ella, nunca consigo encontrarle la lógica; quiero decir, somos humanos, seres racionales, seres capaces de saber cuando nos acecha un peligro sin recurrir a los instintos. Sin embargo, por muy inteligentes que nos queramos ver, en realidad somos básicos y masocas. Nos encanta el peligro y nos encanta el dolor.

La pregunta viene siendo: ¿Si sabemos que no debemos hacer algo, por qué lo hacemos?
No tengo respuesta clara, la verdad. No alcanzo a explicar esa curiosidad que nos pica hacia lo peligroso o lo indebido. Esa parte de nosotros capaz de nublar a ese sexto sentido que nos alerta.

Realmente en ningún caso nos trae algo positivo, pero tampoco negativo, mas bien es reflexivo. Algo que nos hace plantearnos nuestra vida hasta ese momento y reflexionar sobre si realmente actuamos bien en el papel que nos toca en la vida. Puede que el guion necesite correcciones o ese papel protagonista de la vida de alguien cercano a ti, es en realidad un papel de relleno.

La parte mas negativa de esto es la gente que te puedes llevar por delante. Y es la que duele y arrepentirse no sirve de mucho, aunque es inevitable y te persiga el malestar. Tan solo el tiempo dirá que pasará. Desde luego, en caliente nadie gana.

No se, todo esto son divagaciones que conducen a ninguna parte, pero bueno, sirven para que no ocupen espacio vital dentro de mi cabeza, ya saturada. Puede que con el tiempo alcance a entender estas palabras desde otro punto de vista.
La vida sigue, la del resto también, y quien te tenga que aportar algo en la vida, seguirá estando ahí pase lo que pase hasta que deje de aportartelo... o al menos eso quiero creer.

En fin, he vuelto y espero que con mas constancia.




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